¿Amamos a Dios?

By David Martinez

En esta serie de artículos titulada ¿Amamos a Dios? estaré presentando un análisis a nuestro amor por Dios, como se evidencia esto y que debemos hacer para asegurarnos de que nuestro amor por Dios sea completo.

Un amor fundamentado en Su Palabra.

Si bien es cierto que como hijos de Dios estamos llamados a amarlo con todo nuestro corazón, teniendo bien en claro que sólo podemos amarle a Él porque Él nos amó primero (1Juan 4:19) porque nos miró con ojos de misericordia y transformó nuestro duro corazón para que así podamos manifestar ese amor genuino por El. Ahora bien, esto conlleva el deleitarnos en Él diariamente, el deleitarnos profundamente en su ley, en su palabra, entregarnos totalmente a Él y que nuestra meta sea estar dispuestos a cumplir su perfecta voluntad. (Salmos 1:2; 40:8; 112:1).

No cabe duda alguna de que una persona que verdaderamente ame a Dios reflejará esta realidad a través de su vida, su actitud, su forma de hablar, a través del amor al prójimo (1Juan 3:14), del amor por su Palabra (1Juan 2:5). Lo ideal es que el que está lleno del amor de Dios, de esa misma manera demuestre ese amor hacia otros, y sea una persona llena de misericordia y bondad hacia los demás. Pero el que dice que verdaderamente ama a Dios debe mirar que no se contradiga con aquellas cosas las cuales no debe amar sino aborrecer. La verdad es que la evidencia genuina del amor de Dios en nuestros corazones no solo se ve en como amamos sino también en lo que estamos amando y en lo que estamos aborreciendo.

Esto se ve claramente en su palabra. En las cartas de Juan se nos desglosa explícitamente lo que es el amor de Dios, como se ve, como se siente, como se expresa en nosotros. En 1 Juan 2:15 se nos muestra, lo que no debe amar aquel que dice que el amor del Padre está en el, y como se evidencia si verdaderamente está en el.

1 Juan 2:15
No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.

El amor no es una moneda de una sola cara como muchos piensan. Muchas personas creen que el amor debe aceptar todas las cosas sin cuestionar nada, y esto no es lo que la Biblia enseña. El amor por Dios y el amor por su Palabra siempre deben ir conectados, esto Jesús lo dejó muy claro cuando dijo “si me amais guardad mis mandamientos” (Juan 14:15). Si una persona dice amar a Dios, entonces, esto se verá probado y reflejado en que tan preocupado esté por guardar los mandamientos de Dios, y esto se verá reflejado en que tan celoso sea en cuanto a guardarlos. Si decimos amar a Dios, debemos cuestionar y rechazar todo aquello que desafíe, se oponga o sea contrario a lo que Dios ha mandado y revelado en su Palabra. Tu amor por Dios se puede medir en que tan preocupado estás en guardar su Palabra y en escudriñarla para saber como vivir una vida agradable a aquel a quien dices amar.

Es tu amor por Dios acorde con tu amor por su Palabra? Estás buscando conocer su Palabra para saber como agradarle?

Esto se puede comparar en como nos comportamos cuando conocemos a alguien que amamos, y siempre tratamos de agradar a esa persona que nos importa tanto. Asi debe ser nuestro amor por Dios, una búsqueda constante de como agradarle.

Para agradar a Dios necesariamente debe haber un desagrado por otras cosas. No podemos vivir en una contradicción diciendo que amamos a Dios, si aceptamos aquellas cosas que Él aborrece.

La escritura nos dice claramente como un amor genuino, profundo y verdadero por Dios debe, naturalmente, producir un rechazo por las cosas del mundo y de la carne.

El amor por Dios produce odio?
Si, ¿en que sentido?

Un amor genuino y profundo por Dios debe estar acompañada por un odio profundo por el pecado.

Amar las cosas correctas nos debe llevar a odiar las cosas incorrectas.

El creyente no solo está llamado a mostrar el amor de Dios sino tambien a mostrar el rechazo por las cosas que no son de Dios.

Un deleite en la santidad debe producir una repulsion a lo mundano.

Un verdadero amor por Dios debe generar un rechazo radical por las cosas del mundo.

Este amor se evidencia en un deleite pleno en El y un odio hacia todo aquello que no nos lleve a deleitarnos en El sino en el pecado.

El amor por Dios se debe manifestar en un profundo amor y celo por su gloria. Y por un profundo rechazo por todo lo que nos desvíe de darle la gloria que merece.

Procuremos siempre que nuestro amor por Dios se vea fundamentado en la obediencia y el amor por Su Palabra.

1 Juan 5:3 Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos.


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About the Author matteroftheology

In a culture where personal preference runs wild, it is important to look to what the bible says about topics talked about in our every day lives. On this page you can expect difficult topics to be examined and talked about. In writing it will not simply be my own personal preference. I have no right to push personal preference on anyone believer or not. However, if the bible is in fact the word of God, and God has spoken, then we need to know what He has said despite what our personal preferences might be.

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